Thursday, November 09, 2006

Ramírez Heredia

siguiendo mi nueva costumbre de sólo publicar material ya publicado en diarios y demás sitios, continúo ahora.

recién me enteré de la muerte de Rafael Ramírez Heredia, a mi juicio uno de los mejores escritores en Mëxico. me enteré muy tarde porque ya no leo La Peornada, el único lugar donde s edifundió la noticia, creo.

Salud con brandy y cocacola, como le gustaba a Ramírez Rayo Macoy Heredia

Ramírez Heredia 3

El autor de El rayo Macoy falleció ayer, víctima de cáncer de pulmón, a los 67 años
Uno debe estar dispuesto a la muerte para entregarse a la vida: Ramírez Heredia

Solecito Dejó una novela inédita y sellada, y sólo su esposa podrá abrirla cuando la lleva a la editorial

El escritor Rafael Ramírez Heredia falleció este martes a las 16:20 horas en su casa, en la ciudad de México, a los 67 años de edad, a consecuencia de cáncer en los pulmones que le fue detectado hace 14 meses.

Autor de más de 40 libros publicados, entre novela, relato y trabajo periodístico, miró, analizó, recogió los elementos de la vida real para convertirlos en realidad literaria.

Al escritor le sobreviven su esposa y dos hijas. Durante la ceremonia inaugural del Festival Internacional de Tamaulipas, que se realizó el 12 de octubre pasado, le rindieron un homenaje, pues no obstante que nació en el Distrito Federal, adoptó a esa entidad como su segunda cuna.

Según informó su esposa, Concepción Tavera, Ramírez Heredia dejó una novela inédita, la cual está sellada, ''y por deseo explícito de él, sólo yo podré abrirla cuando la lleve a la editorial para su publicación''.

En marzo de este año concedió su última entrevista: "me gusta ejercitar la literatura en su mejor concepto, que es la elaboración de las palabras, la construcción de las imágenes, el perfil sicológico de los personajes, la anécdota manejada", dijo a La Jornada a propósito de la publicación de su también último libro en vida: La esquina de los ojos rojos, publicado por Alfaguara.

Disfrutó del reconocimiento a su talento: en 1976 ganó el Premio Nacional de Teatro; en 1978 el Premio Nacional de Novela; cinco años más tarde el Premio Nacional de Cuento Policiaco, entre otros muchos galardones en México, mientras que en París fue reconocido con el Premio Internacional Juan Rulfo por su obra más celebrada: El Rayo Macoy.

Ratero de imágenes

Ramírez Heredia cultivó su propia página de Internet: www.rafaelramirezheredia.com. Allí, el escritor Carlos Rojas definió al autor de La Mara como "aficionado a los toros, a los amigos, a la literatura, al ron con refresco Del Valle (de preferencia servido en alguna cantina), y al canto popular por igual".

Ramírez Heredia, por su parte, se decía un "ratero de imágenes", que creía en la fuerza del lenguaje como centro de su trabajo, las palabras que hacen sentir "el olor, el sabor y el ruido del lugar del que se habla.

"Escribir es lo único que me importa en la vida, por esto he sacrificado muchos sueños burgueses, y después de casi dos décadas he estado tan solitario y jodido. Estoy como aquel que no ha tenido amor y quiere que se lo den", seguía el escritor en su autodefinición.

Militante de la dedicación total a su obra, con "10 horas nalga diarias frente a la máquina de escribir", Ramírez Heredia, gran amante del tabaco, gustaba de hablar desde el arrabal y los entornos más agrestes y descarnados.

"Nadie escribe desde la placidez. Este es un ejercicio ambivalente. Es cierto que se escribe con placer, pero también con un gran dolor. Siempre me pongo muchos pretextos, cansancio, compromisos familiares y profesionales hasta que la historia que me ronda la cabeza y los personajes me cercan y eliminan las argucias que me impuse para desplazarlos", dijo alguna vez.

Tres de sus obras, al cine

En su último libro en vida, La esquina de los ojos rojos (2006), el autor explora el México oscuro de la violencia. Sobre la obra comentó a La Jornada: " la novela es verdad y mentira porque está tomada de la realidad, pero también un escritor la transforma y la cambia para hacer de esa materia una realidad literaria".

Con personajes, lenguajes y situaciones diferentes; los lazos que los unen son precisamente la violencia que se ve reflejada en varias partes y en distintas formas.

La esquina de los ojos rojos es una aproximación literaria a algunos barrios bravos en la ciudad de México. El barrio en el que se compra y se vende toda clase de mercancía.

Con la novela La Mara (2004), primera parte de la trilogía sobre las partes oscuras de México, el escritor se acercó al problema de la Mara Salvatrucha, que comenzó en Centroamérica y se extendió a territorio mexicano.

Sobre esta situación, Ramírez Heredia expresó que las personas "no se han puesto a mirar la frontera sur con la lupa necesaria. En ese lugar existe la misma violencia que en el norte, sólo que más cerril, más brutal, más rupestre, menos elaborada". Para el escritor, la mara fue la hija perversa del neoliberalismo.

El dramaturgo Víctor Hugo Rascón Banda, quien asistió a la funeraria Gayosso donde se realizaron los servicios luctuosos, comentó que en la Sociedad General de Escritores de México existe el proyecto de llevar a la pantalla grande las obras La mara, La esquina de los ojos rojos y Con M de Marilyn.

También en entrevista con este diario, en 2003, Ramírez Heredia advertía que parte de la miseria y violencia de México reside en los sectores que se empeñan en negar la importancia de la cultura para la vida intelectual de su pueblo y consideran al libro como un lujo.

"Tenemos el México oscuro, regresivo, torpe, inculto, bárbaro y metido en los espectáculos televisivos; y también contamos con el México brillante, el de la cultura, de la historia, de las grandes batallas contra las intervenciones tanto físicas como intelectuales.

"El impuesto a los libros es propuesto por quienes desean un país oscuro, a diferencia de los que aspiran a mantener el México luminoso, donde las ideas forman parte de la existencia diaria. Estoy del lado de un país que va hacia delante, por eso estoy en contra del IVA a los libros, medicinas y alimentos. El libro tiene que formar parte de la canasta básica de los mexicanos", dijo en aquella ocasión.

Aficionado a los toros, llevaba la misma actitud de valor tanto fuera como dentro del ruedo, donde recibió más de 100 cornadas. "Y allí, frente al toro, es donde me siento más yo que nunca, porque me cae que antes de torear me estoy muriendo de miedo, pero ya adentro, cuando de veras me estoy jugando la vida, cuando sé que antes me mata el animal de un pitonazo a que yo me haga a un lado, es entonces cuando me siento más lleno de vitalidad. Y así es la vida, como el toreo, porque uno tiene que estar dispuesto a la muerte y así entregarse a la vida".

Los restos mortales del escritor permanecerán hasta las 14 horas de hoy en la agencia funeraria Gayosso, en la calle de Félix Cuevas, hora en que, en una ceremonia privada, se procederá a su cremación.

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¿LA FIESTA EN PAZ?

Leonardo Páez
Ramírez Heredia, aficionado

HABIA TITULADO ESTA columna "Ramírez Heredia, taurino", pero de inmediato la palabreja al lado del apellido, se cayó por sí sola. Hay, desde luego, respetables nombres de familia a los que les queda muy bien tan desacreditado calificativo, pero en el caso del escritor Rafael Ramírez Heredia (Tampico, 1942) su embeleso y pasión por la fiesta de los toros, antes que por el espectáculo a que la han reducido los taurinos, rebasa con mucho las estrecheces del taurinismo.

CIERTO DIA, BOBEANDO por la sección de libros de infame tienda departamental, me saltó a los ojos Tauromagias, obra publicada por la Dirección de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en la que Ra- fael reunió una serie de 27 ensayos sobre el tema taurino. La compré sin ver, todavía sin dar crédito a tan insólita distribución de un libro publicado por la UNAM.

A LA SEMANA siguiente -sincronicidades, diría Jung- me llamó Ramírez Heredia para invitarme a la presentación de ese libro en la cantina La Guadalupana. Nos habíamos conocido tiempo atrás en el bebedero El Ruedo, contiguo a la Plaza México, y de inmediato salieron, espontáneas, las antenas de la reflexión común con el pretexto de la tauromaquia o de la sempiterna crisis de la fiesta como reflejo de la del pueblo donde está inmersa.

DE AQUEL HOMBRE me había impresionado, antes de conocerlo, su enorme capacidad para convertir en ediciones lo que se proponía: novela, relatos, teatro, ensayo, crónica. Y ahora me impresionaba su amplio mostacho en contraste con su incipiente calvicie. Pero lo que más me llamaba la atención de este Rafael era su entusiasmo contagioso, su vehemencia cuasi en campaña, así se tratara de un asunto baladí.

EN SUS TAUROMAGIAS, el autor de El Rayo Macoy, más que hablar "de toros", transmite al lector sus personalísimos sentires y pensares en torno a la fiesta de toros, algunos de sus personajes y muchos de sus sentimientos, a través de esa, repito, apasionada afición taurina, a diferencia de tantos escritores mexicanos que repudian, desdeñan u ocultan tamaña debilidad premoderna, reprobada por los imperios en turno.

PERO LO QUE atrapa de las Tauromagias ramirezheredianas es ese estilo desenfadadamente disciplinado que caracterizó al autor, en el que la antisolemnidad puede ir del brazo de la agudeza, la gracia al lado de la observación crítica y la exasperación caminar junto a la esperanza y la ternura, todo con una lograda capacidad para matizar en vez de dramatizar en torno a un espectáculo originalísimo e inteligente que, por falta de pensamiento crítico y honesto, se ha visto reducido a su propia caricatura.

INTIMOS E INTENSOS resultan sus relatos de chonadas, novenarios y aventuras de los torerillos corredores de la legua, en una tauromaquia aún a la espera de cineasta o documentalista que recoja las heroicas escenas de esa expresión del arte del toreo, no apta para exquisitos.

YA DESCANSA RAFAEL Ramírez Heredia -gitano huasteco- de tanto escamoteo y tergiversación en torno a una de las fiestas de sus amores. Vida lograda si la hay, el hueco que deja será más sensible en la medida que nuestra intelectualidad, como los políticos, no vea ni oiga acerca de esta expresión cultural de México.

Ramírez Heredia 1

Solecito El Fonca le negó nueve años una beca, afirma el presidente del organismo
Las instituciones culturales ningunearon a Ramírez Heredia, señala la Sogem

Solecito Fue un gran disfrutador de la vida: Hernán Lara; era un animal literario: Celorio

ARTURO GARCIA HERNANDEZ Y MERRY MACMASTERS

A pesar de su madurez literaria, de su creciente prestigio como escritor y de los numerosos lectores que avalaban su obra, Rafael Ramírez Heredia murió ninguneado por las instituciones culturales, específicamente por los jurados del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca), que en los pasados nueve años le negaron una beca.

Ese es, de acuerdo con Víctor Hugo Rascón Banda, presidente de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem), una deuda pendiente y ya impagable con el autor de El rayo Macoy.

"Lamento mucho que los jurados del Fonca lo hayan ignorado. Me tocó recomendar su candidatura año tras año y se la otorgaban a escritores desconocidos, sin obra, intrascendentes", afirmó.

El dramaturgo hizo acto de presencia ayer en la funeraria de Félix Cuevas donde fueron velados los restos de Ramírez Heredia, fallecido el martes de cáncer: "Era un escritor en plenitud, su últimas tres novelas, Mestizo de Salgari, La mara y La esquina de los ojos rojos son extraordinarias, textos maduros de un autor que estaba manejando el lenguaje como nadie, con temas sociales. Pocas veces estos temas pueden convertirse en metáfora, en poesía, en literatura".

En La mara, sobre todo se hizo patente su experimentación con el lenguaje en equilibrio con la crítica social: "Desentrañaba la condición humana y los vicios sociales, por eso sus novelas son un reflejo de la sociedad de nuestro tiempo".

Concepción Tavera contó que su esposo murió tranquilo y sin dolor: "Después de 38 años de estar casada con él, me da mucha tristeza su muerte, pero sobre todo me da tristeza que no haya podido seguir escribiendo, que era lo que más quería. Para él lo más importante era la literatura, sus amigos y ver crecer a sus nietos".

Quiero nieve de limón

Después de pasar varios días en el hospital, Ramírez Heredia había sido dado de alta el sábado: "Ese día nos fuimos a comer, él quería unos taquitos. Fuimos al restaurante Los Guajolotes, que estaba muy cerca de la Plaza México. El domingo estuvimos arreglando libros. En la madrugada se sintió mal y empezó su inestabilidad. Antes de morir me dijo 'tráeme por favor unas paletas de tamarindo, no de las pinches, sino de La Michoacana, y nieve de limón'. Como 10 minutos antes de su muerte me dijo: 'Conchis, dame nieve de limón'. Se la llevé y luego se quedó dormido".

Carlos Montemayor se mostró muy consternado por la muerte de Rafael Ramírez: "Fue un hombre muy vital, muy pleno. Me tomó por sorpresa esta enfermedad y esta muerte súbita de Rafael". Sobre su literatura, señaló: "Casi todos los encuentros de Rafael con sus personajes fueron por medio del lenguaje peculiar de cada uno de ellos. Es decir, encontraba a sus personajes por el descubrimiento de su forma peculiar de hablar, de manera que la construcción de un personaje, su sicología, su postura ante la vida, su significancia narrativa, partía de esa elocuencia".

El escritor Hernán Lara Zavala fue uno de los grandes amigos de Ramírez Heredia: "Fue un gran disfrutador de la vida. El mundo de los toros era para él una metáfora de la vida y yo diría que salió de la vida con las dos orejas, el rabo y en hombros".

Su obra -añadió Lara Zavala- "tuvo un ascenso constante a partir de la publicación de El rayo Macoy, encontró un estilo personal que no se parecía a ningún otro. No era nada más una reproducción mecánica de lo que oía o veía, sino que le inyectaba su poesía, su picardía, su gran sentido del humor".

Para Gonzalo Celorio, otro de los amigos cercanos del fallecido autor, "Ramírez Heredia era un animal de literatura, un hombre que no hizo otra cosa que escribir y querer a sus amigos. Era un escritor verdaderamente de tiempo completo. Todo el tiempo se montaba en la yegua, como él decía".

La mara "es una novela con un ritmo extraordinario, parece que realmente uno está leyendo subido al tren en que se trepan los maras para pasar la frontera".

Fue, además, "un gran maestro", en su taller formó a escritores que le deben mucho, porque "era muy audaz, muy astuto, muy colmilludo, muy malicioso, muy cabrón, y eso a veces resulta muy estimulante, muy formativo. Y no sólo ubicó sus talleres literarios en la ciudad de México, sino que era una especie de saltimbanqui literario que dejó huella en muchos estados".

Pero "también hay que hablar del amigo, del compadre, del hombre sabroso, dicharachero, entrón. Nos hicimos muy amigos porque teníamos un amigo común, Hernán Lara; nos quisimos mucho. Con frecuencia me llamaba para decir: te mando mi cariño de hombre. Tenía esa virilidad no exenta de machismo".

Novela colectiva

Aline Peterson conoció al escritor "hace muchos años, en una cena al final de un encuentro de cuentistas en Morelia. Los que estábamos reunidos en esa mesa decidimos hacer un proyecto común, una novela colectiva que se llamó El hombre equivocado. Participaron Vicente Leñero, David Martín del Campo, Silvia Molina, Bernardo Ruiz, Gerardo de la Torre, Rafael, yo, en fin éramos como 10.

"Fue algo muy interesante, nos reuníamos cada 15 días para entregarnos un capítulo sin que nadie tuviera idea de cuál era el anterior. Estas comidas empezaron a convocar a mucho público y acabaron siendo un espectáculo. Luego nos seguimos viendo a lo largo de nuestras respectivas vidas literarias."

Ignacio Solares dijo que "se va, por encima de todo, un gran escritor, amigo y taurino. Admiré siempre su obra, llena de impulso, de energía, de vitalidad. Podemos decir lo que queramos de su obra, podrán gustarnos unos de sus libros y otros no, pero ahí está El rayo Macoy que pasará a la historia como uno de los grandes personajes de la literatura mexicana, sin lugar a dudas. Tenía una cualidad impresionante como profesor, todos sus alumnos decían que era el mejor maestro que habían tenido".

Eugenio Aguirre destacó por su parte la "disciplina ejemplar" de Ramírez Heredia: "trabajaba desde las seis hasta las 11 de la mañana. Era un hombre con una gran imaginación y una gran capacidad para observar los problemas sociales. Su obra hay que leerla con inteligencia, con sensibilidad, con madurez y reflexionar acerca de ella, porque en los diferentes planos narrativos que maneja, en cada una de sus novelas, hay enseñanzas profundas y reflexiones que vale la pena compartir. Como ser humano fue un hombre gigantesco, generoso, solidario, compartido, siempre lleno de afecto".

La noche del martes Cuauhtémoc Cárdenas se presentó en la funeraria. Durante 25 o 30 años tuvo amistad con Ramírez Heredia: "Lamento la pérdida de un amigo que deja una obra muy importante. Desde sus primeros libros ha sido un ejemplo para los escritores de esta época".

Los restos de Rafael Ramírez Heredia fueron cremados ayer. En los próximos días la familia decidirá qué hacer con las cenizas.