Thursday, January 11, 2007

Luis Martignon

Conocí a Martignon una tarde en que se presentaba la revista Generación en el salón Orizaba. Estaba ebrio y meaba para todos lados menos sobre el mingitorio y eso que estaba a ras de suelo.

Me invitó una línea de coca y otra cerveza y luego otra y otra. Arriba Carlos Martínez Rentería seguía leyendo algunos textos del número dedicado a los antros. por ahí andaban también Juan Beat y Fran Ilich, Felipe Posadas y muchos más que no recuerdo. De eso hace más de cuatro años. En algún momento me preguntó mi nombre, y después dijo: ah conque tú eres el pinche Morcillo. Sssórdenes, dije.

No fuimos grandes amigos, pero a partir de ese día nos encontramos sin planearlo en uno y otro lugar, siemrpe rodeados de cervezas. Me invitó a una entrevista para un programa de TV Azteca, creo se llamaba Taxi Libre. Nunca se hizo nada. Luego le ayudé a diseñar un boletín de ventas o algo así.

Lo primordial era que nos veíamos para beber y platicar de literatura y periodismo gonzo. Me invitaba a fiestas en las que me abandonaba. Después simplemente desapareció y yo desaparecí, dejé de frecuentar aquellos lugares en que tan seguido nos encontrábamos. Hace un año y medio lo encontré afuera del salón Corona, delgadísimo e incluso un poco más chaparro y un tanto demacrado. Ya no bebía o no como antes. Nos volvimos a encontrar un par de ocasiones más durante este lapso.

Hace tan sólo unos minutos me enteré que murió atropellado hace ocho días en una de estas infernales calles quie él solía recorrer a gran velocidad, cuando tenía auto. Y lo atropelllaron sobrio. No murió de diabetes, ni de cirrosis ni peleándose en una cantina, ni ebrio. Sobrio y atropellado por no sé qué vehículo infernal a manos de un imprudente.

Quedan por ahí sus textos en Generación y varias revistas más, algunas que él editó. Queda su Perixcopio. Y queda, cómo no, su recuerdo. Que allá donde esté siga bebiendo cerveza y ron.