ayer vi su foto. sabía que era él, por supuesto, pero no lo imaginaba así, no así. sí con esos ragos, esos ojos tan profundos y negros y grandes, y quizás esas arrugas como surcos en un campo de maíz en el que nuestros abuelos sembraron cientos de kilos del grano durante cientos de años. quizás lo imaginaba un poco. un poco como un personaje de Roth pero más real, más vivo.
uno, un personaje que se viste para estar bien cuando lo visita la enfermera y sus hijas, uno que se descuida cuando lo van a ver sus hijos, uno que reniega de todo cuando se siente mal, uno que festeja cuando todo va bien y cuando no, uno que vive porque ha vivido, pero que no se resiste a la muerte porque lo ha vivido todo y aun así no ha vivido nada.
uno real, de arrugas severas y besos festivos, reales, amorosos. uno que me recuerda a mi abuelo. uno que quise haber conocido y compartido y escuchado, uno que quizás ya no me vea. uno de ojos negros, brillantes, querendones, festivos, coquetos. uno de ojos profundamente suyos y solo suyos.