es curioso, de repente hasta las paredes parece que a uno lo extrañan. decoro mis aposentos (así les digo, no os preocupéis, delirio de grandeza, se llama) con libros, pinturas, retratos, cafeteras e incluso ropa y zapatos.
a veces pasan días sin que me acerque aquí. a veces siento que cuando llego algo ha pasado, alguien me ha robado y venido y se ha llevado todo. a veces pienso que deberían llevarse todo y no dejar nada. ni rastro.
en otras ocasiones pienso que aquí me esperan, las paredes, el chanquito, la bailarina, los retratos, las pinturas, los cuadros, la ropa, el ruido, los sombreros.
pienso que se entristecen a la espera de mi regreso. y les hablo cuando he vuelto. y les digo que no se preocupen, que no me iré sin avisarles, que no me iré sin dejareles a una buena nana o una buena abuela o una buena madre que cuide de ellos. jamás podré abandonarlos a su suerte. tan solos ellos y ellas.
pero a veces pasa que aún estando yo aquí extrañan algo, alguien. como si yo ya no estuviera aquí. como si hubieran encontrado una nana, una madre o una abuela. y me pongo celoso y les grito, pero no les recrimino. a veces los abandono tanto que les doy la razón. pero no quiero abandonarlos ni que me extrañen ni que extrañen un poco de calor.
libros, osos y bailarinas y ropa seguro se alimentan de olor a café, un poco de tinto, acaso cerveza. no me extrañen. no nos extrañen.