a veces me doy miedo a mí mismo. pero soy más inofensivo que un perro sin correa y sin dueño en busca de un plato de pellejos.
me da miedo que la mierda de música que escucho pueda dañar oídos castos. que la actitud que tomo sea malinterpretada por los maricones de pelitos rosas y amarillos que dicen ser emos o anarcopunks. incluso me da miedo que me tomen por un viejo resentido y demodé. un poco sí lo soy. las dos cosas. viejo y demodé.
pero aún conservo algo de encanto, viejos amigos. no estoy tan calvo ni canoso ni panzón. ni le rindo pleitesía al político o al jefe en turno. aún puedo caminar horas y horas, incluso vestido de traje, por calles sucias y mal iluminadas y salir bien librado.
atravesé varios infiernos y salí de ellos. sospecho que aún me quedan infiernos por caminar. no sé si vuelva a salir bien librado. en todo caso no me interesa. caminaría de nuevo por piedras hirvientes y disfrutaría cada segundo que quedase. jodiendo al que hay que joder. escuchando la mierda que he escuchado. al pendiente de otra música sólo para criticarla y escuchar de otros: eres un viejo.
y si es el caso, con mi música en el iPod y mis Doctor Martens bien puestas, diré que siempre lo fui: un viejo punki loco y amargado, que escribía y leía novelas de amor. y también policiacas, ¿por qué no?