anoche conocí a un buen cuentista. qué digo cuentista. literato, casi lo pondría con mayúsculas. yo descansaba, o más bien casi dormitaba cuando recibí su llamada. conocía el número y contesté. si hubiera sido un número deconocido, ojalá lo hubiera sido, me habría perdido su historia.
pero habló de mí. al verlo en la puerta supe que no era la persona que yo conocía. venía con una botella de tinto y ánimos de charlar. mis bostezos le hicieron decir que mejor se iba y no, lo invité a pasar. una amistad de 20 años nos une. pero no era la misma persona. me contó historias varias durante largas horas que yo complementé con otras historias. historias de amor y trágicas. últimamente nuestras vidas de viejos punkis son eso. trágicas.
y entonces descubrí que no conocía de nada a mi amigo. me contaba historias que yo hubiera querido escribir. hoy me levanto pensando que todo fue un cuento. veo el teléfono y llamo para confirmar que todo fue un cuento. que tuve sueños profundos. llamo a mi amigo y me contesta campechanamente. todo fue un cuento. todo menos esta sensación de resaca y desvelo. y entonces quiero inventar una historia, una tan buena como la que me pasó anoche. además una por la que tendría que poner toda mi invención, pero no puedo. quizás tome de nuevo el aparato telefónico. o quizás me robaré una historia para un cuento. una muy buena que leí anoche mismo. quizás, pero soy demasiado jodidamente honesto. me buscaré una historia, jodida pero mía. una que me salga tan bien como las que me suceden por la noche. ojalá alguien pueda ayudarme.