Wednesday, September 02, 2009

agua, doctores y gimnasio

1. desde pequeño estuve acostumbrado a acarrear agua. lo hacía porque en el barrio de mi madre faltaba muy seguido y no era la escasez la razón y no había nadie para informarnos. simplemente no había agua en la primera sección del barrio. así que atravesábamos una calle, le pedíamos permiso a un vecino generoso y decenas de habitantes de la primera sección tomaban agua de esa casa en la segunda sección de una calle con el nombre de algún avechucho. así que yo caminaba una larga cuadra con dos cubetas, ida y vuelta, ida y vuelta, durante muchas tardes y mañanas de buena parte de mi infancia. un día el agua dejó de faltar. nadie nos informó a qué se debía la regularización en el servicio. pero para entonces yo ya no me bañaba más que un día a la semana. con eso bastaba. en el CCH y en la Universidad nadie me juzgaba por mi olor y en todo caso no apestaba más que a un poco de sudor. desde entonces me dije que ahorraría el agua para mi supuesta vejez, pensando más quizá en los hijos de mi hermana o en la humanidad entera y en los niños de todo México: he ahí el signo de mi amor por la humanidad: ahorrarle agua a los perros que la desperdician.

hoy el agua escasea y en mi barrio desde hace aproximadamente tres semanas cae un miserable chorro que apenas sirve para juntar un par de cubetas para cuando uno desea cagar o lavarse la jeta. así que durante la primera semana apliqué la técnica de cagar en cines, restaurantes, centro comerciales y demás parafernalia del capitalismo salvaje que queda cerca de este infecto barrio. también acudí a bañarme durante una semana entera a unos baños públicos de infecto nombre, pero eso sí, apestositos a cloro y atendidos por servidores que parecían lancheros, con sus esternas chanclas y sus pantalones de mezclilla recortados abajo de la rodilla. al lado de los baños un café de mis delicias me recordaba que mi cafetera en casa seguía sin lavarse y mi café en el refri sin poder beberse. y entonces dejé el café durante una larga y tortuosa semana. hoy el agua sigue cayendo en pequeños chorros, insuficiente para llenar tinacos y cisternas y continúo acarreando simpre que estoy en casa (casi nunca) y cada vez que cae. pero he cambiado el lugar de mis duchas matutinas por otro.

2. desde hace tres años estoy enfermo del hígado, desde hace siete estoy un poco ciego y la tendencia parece ya irreversible para que pierda la vista por completo, quizás no en poco tiempo, pero seguro pronto. desde hace no sé cuanto tengo otros padecimientos que desconocía. y creo que desde nací mi mente ya venía torcida y enferma, por lo que la demencia que me ronda no tiene que ver con senilidad.

el caso es que por culpa de las enfermedades físicas y mentales un doctor que cree que es mi amigo me sentenció: si no dejas de beber y fumar y no haces ejercicio moderado por 30 minutos al día pronto iremos a tu entierro. doctor, le dije, quizás saliendo de aquí un autobús me atropellle o me caiga un rayo o quizás en el metro alguien tropiece y yo caiga a las vías o alguien en un micro saque un arma y yo no le daré mi dinero y me mate de un plomazo y usted no va a ir a ningún entierro porque no tengo quien me entierre y aparte no he pagado mi pedacito de tierra para que me entierren y no he comprado un paquete funerario y tampoco he dejado dinero a alguien para que pague un paquete funerario y si me llevan a la fosa común estará bien, pero si me llevan a la facultad de medicina de la unam también estará bien. bueno, bueno, me detuvo. sólo le digo que es usted joven y que debe hacer ejercicio pronto, concluyó el galeno. gracias, doc, dije, agradeciendo más eso de joven que sus advertencias. la visita al doctor fue en la misma semana en que el agua dejó de deslizarse por la tubería de mi edificio.

3. a un par de calles de la pocilga que habito hay un gimnasio. así que durante las largas horas que me dedico a caminar por las calles encontré la solución a mis dos problemas del momento: me inscribiría al gimnasio para hacer ejercicio y evitar mi pronta muerte y me bañaría todos los días, cerca de casa, lo cual me ahorraría un dinero, que se me va justamente como agua por el excusado.

pregunté por los planes, me enseñaron las instalaciones, me dijeron a lo que tenía derecho, me hicieron firmar una contrato en el que tenía que declarar si usaba drogas (escribí que sí, puras drogas legales uso, aclaré) saqué el dinero e inmediatamente me presentaron a un instructor con cachucha en la cabeza, camiseta negra apretada, pans negros, brazos anchos y espaldas amplias y piernas enormes y nalgas voluminosas y manos fuertes y sonrisa amigable.

me dejaron frente al tipo y me preguntó qué hacía, le dije que quería hacer ejercicio para salvar la vida. no me preguntó por alguna enfermedad, si no si había tenido alguna lesión en la rodilla o en la espalda. no, nunca, dije, de hecho es la primera vez que me enfermo de manera grave luego de catarros y diarreas. se frotó las manos mostrándome sus bíceps y tríceps. bien, me dijo. acómpáñame. subimos al segundo nivel donde varios corrían en aparatos o andaban en bicicletas fijas. dale 20 minutos, camina, no corras, pero camina rápido. y me enseñó el funcionamiento de la caminadora. caminé los 20 minutos y bajé. como te sientes. bien. cansado. no, agitado solo. bien, ahora vas empezar por sentarte aquí y hacer así, dijo mostrándome como se usa uno de tantos aparatos. empieza con poco peso, haz quince. y me senté y verifiqué que había poco peso y levanté mis brazos y con los antebrazos alineados a mi espalda empecé a mover las manivelas hacia mi rostro. quince. ahora toma las mancuernillas más pequeñas y haz así. quince. las tomé y las levanté con la posición normal de mi brazos hasta los hombros. quince. ahora toma esta barra y haz así. quince. tomé la barra más pequeña y la levanté como he visto que hacen los que levantan pesas. quince. ahora toma de nuevo las mancuernillas y siéntate aquí y haz así. así? no, así. quince. tomé las mancuernillas y me senté y levanté las mancuernillas desde mis hombros hasta estirar completamente los brazos en un movimiento con los brazos de frente, alineados a los hombros para subir y juntar las mancuernillas. quince. bien. ahora repite otras dos vueltas. repetí dos vueltas. adolorido? no. ok, ahora un poco de abdomen, siéntate aquí y haz así, quince. me senté con las piernas levantadas y los brazos echados atrás y levanté las piernas. quince. ahora acuéstate, pon las piernas a esta altura y levántate así. quince, dos vueltas. me acosté y puse mis pernas por encima de la altura de mis rodillas y flexioné mi cuerpo al frente. quince, dos veces los dos ejercicios. listo. bien. mañana vamos a trabajar hombros y pecho. ok, sí, bueno, nos vemos mañana.

me fui a duchar. a esa hora no había nadie. por fin me bañaba en una regadera más decente sin olor a cloro.

desde esa sesión llevo ya acudiendo dos semanas. dos semanas en las que me he tenido que levantar temprano para hacer ejercicio y bañarme. no olvides el cardio, me dice el instructor, es muy importante. sí, le digo, pensando en que el doctor sólo me recomendó un ejercicio ligero, basado justamente en la caminata o el correr. y héme ahí: cargando pesas y moviendo aparatos y haciendo abdominales. no sé si eso afecte más mi salud.

ahora me duele el cuerpo, ya no tanto como hace dos semanas, pero aún duele un poco. pero eso sí, me baño todos los días a cinco minutos de mi casa. vengo aquí y desayuno y me visto y me voy. ahora camino erguido. mi salud creo que mejora, igual que mi aspecto. así que sólo espero vivir unos meses más para ver si la flacidez de mis casi inexistentes músculos se transforma en dureza y abundancia y ver si este abdomen disminuye un poco. espero que un rayo no me parta y un asaltante se intimide ante mis poderosos bíceps. creo que ya tengo un motivo para seguir vivo.