Thursday, October 22, 2009

eSMÉ

ADVERTENCIA

este texto debió haberse posteado el viernes pasado, pero el editor se empeñó en no hacerlo y luego de una larga discusión que duró una semana, hélo aquí. creo que tenía razón, debió no postearse, pero bueno, uno debe postear de vez en cuando.

eSMÉ

Salí del trabajo temprano en jueves. Y siempre se agradece salir temprano. Pero no era la graciosa concesión de un patrón buena onda. El anuncio de la marcha del Sindicato Mexicano de Electricistas, el esmé, en contra del cierre de Luz y Fuerza del Centro, hizo que en el Senado los legisladores apuraran la sesión y la terminaran antes de lo usual para qué tanto ellos como los trabajadores administrativos y los metiches como yo pudieran llegar a su casa o a donde fueran sin contratiempos.

Así que salí en punto de las cuatro peme y fui al origen de la marcha, por abajo, en el metro, que lo mismo estuvo detenido tanto tiempo que pensé que los trabajadores del metro se habían unido a la protesta al cortar el flujo de energía o que los mismo electricistas habían tomado los túneles para marchar por ellos rumbo al Ángel, una protesta en todos los niveles, pensé.

Llegué a casa y me despojé del traje como lo haría Superman o Superesmé o Superbarrio y me puse ropa más cómoda y me calcé mis Dr Martens café. En casa de mi madre descansan una iguales que anduvieron bastantes marchas y viajaron muchos viajes y que aún gozan de buena suela para seguir dando lata pero cuya piel por falta de mantenimiento hizo que las dejara colgadas en recuerdo. Las actuales caminarían por segunda vez una marcha, una mega según los organizadores. La anterior había sido una dominical para protestar por el desafuero de AMLO. Había ido a mirar, como en ésta del esmé, para acaso escribir un texto modesto y publicarlo en algún lado (cualquier lado menos este blog, pero las circunstancias lo han impedido, siempre las circunstancias externas, je).

Llegué a una calle de la Diana Cazadora. El contingente se extendía hasta las puertas del bosque de Chapultepec, donde Reforma se curva para llegar al Auditorio Nacional. Caminé a paso rápido, lo rápido que podía dejarme la multitud que tomó los cuatro carriles de la avenida.

Si el decreto del presidente había dejado sin trabajo a más de 44 mil trabajadores electricistas, esta marcha le daría trabajo si no a cientos quizá a unos pocos miles de vendedores ambulantes. Entre quesadillas, hotdogs, chicharrones, jícamas y demás fritangas había varios puestos, a uno pasos del Ángel, que vendían viejos libros de Marx y Lenin en la ya desaparecida editorial Progreso, quizá fueran ejemplares que sólo se encuentran en librerías de viejo y éstos no lo eran sólo ideológicamente hablando. Estaban colocados al lado de empolvados facsímiles de libros de Ricardo flores Magón o del Che Guevara.

A las clásicas y trilladas consignas de El pueblo unido jamás será vencido o Este apoyo si se ve se sumaban cantos que sólo he escuchado en los estadios de futbol o en partidos televisados. En el segundo caso, el oeeee oeee oeee oeeeee esmé esmé y en el primero, el Cómo no te voy a querer de los Pumas de la UNAM se había transformado por la creativa reinterpretación de algún electricista pambolero en Cómo no te voy a querer, si mi padre es luz y fuerza, y mi madre es el eSMÉ. y esta otra que solo he scuchado en CU: que los vengan a ver, que lo venga a ver, ese no es presidente es una puta de cabaret.

Caminé y caminé al lado de miles y miles que avanzaban un metro mientras yo podía avanzar 10. Las pintas iban dejando su huella en cada pared de Reforma. “Si no hay solución, habrá revolución”, “2010 se acerca”. Así llegué al Zócalo. La marcha había terminado para mí, así que aún caminé hasta Pino Suárez y abordé el metro para irme a descansar a casa.

Ala mañana del día siguiente una rodilla destrozada que crujía al subir o bajar escaleras y que dolía como si me hubieran pateado cientos de electricistas futboleros había sido el saldo.

Las decenas y decenas de marchas en la que anduve algunas por convicción, otras por desmadre y muchas mas para atestiguarlas y algún día contarlas mis nietos no habían ya servido de nada. No tenia nietos y a pesar del grito feliz de el pueblo unido jamás será vencido todas esas causas habían sido vencidas. Y lo peor era que hoy yo ya no aguantaba ni una marcha completa para poder contarla. Quién sabe si pueda caminar una más. En dado caso lo intentaré. No me quedaré en casa a ver la tele o a esperar los diarios o los portales de Internet para que alguien más me la cuente.