Carlos Monsiváis se va y nos deja. Elena Poniatowska se lo preguntó ante su féretro hoy a medio día en un Palacio de Bellas Artes casi abarrotado. ¿Que va a ser de nosotros sin ti, Monsi? ¿Qué va a ser de México sin ti? Dijo la Poni y los aplausos estallaron durante varios minutos para dar lugar al mariachi. Una señora, 65 años, fuerte aún, atrás de mí gritó un Viva Monsiváis eternamente que se escuchó por cada rincón del Palacio y los que estaban ahí contestaron con un viva. Un organillero hizo sonar Las Golondrinas. Una insurrección para hacer guardia al autor de Días de guardar dio frutos. Monsiváis es del pueblo, fue el grito y el reclamo y las autoridades del Conaculta organizaron a quienes ya llevaban más de una hora formados. Vi rostros conocidos, colegas de ahora y otros tiempos, amigos, cientos de rostros de ese pueblo que gritaba que es el pueblo y que Monsiváis es de ellos y que a Monsi no le hubiera gustado esa ceremonia sin ellos. Del organillero siguieron los boleros a cargo de un trío y de nuevo el mariachi con Las Golondrinas, mientras la gente y los amigos cercanos y conocidos e intelectuales y uno que otro político desfilaban ante el féretro.
Afuera otros cientos esperaban la salida de Monsiváis, una discreta carroza también aguardaba. Se acercaba la hora de partir y aceleraron el desfile de gente. Y entonces brotarton los gritos espontáneos que se hicieron coro unánime: “Es un honor estar con Monsiváis” que fue seguido de aplausos que ya no cesaron hasta su salida.
Luego un Goya universitario que en ese instante llenó de orgullo los pechos de muchos por brindar un homenaje a un egresado tan destacado de la Universidad. Los no universitarios entonaron un “A la bio a la bao…”
Y entonces alguien comenzó a entonar el Himno Nacional. Y los que estaban sentados se levantaron. Y todos cantaron. Y apuraron la salida del féretro mientras la estrofa en que dice “un soldado en cada hijo te dio” retumbaba por escaleras y columnas. Y los que lloraban continuaron llorando y los que no comenzaron a llorar y los aplausos se escucharon hasta que salió el cuerpo. Afuera comenzaron más aplausos y consignas, como en una de las tantas manifestaciones que con su mordaz y lúcida e irónica pluma cronicó Monsi.
Monsiváis, amigo, el pueblo está contigo. La carroza comenzó a marchar lentamente, seguida por los amigos y amigas de su vida. El pueblo se fue rezagando y entonces entonó una nueva consigna: Que muera el espurio, que viva Monsiváis. Y la carroza se fue por Eje Central, encabezando la última manifestación que, esta vez, ya no alcanzó a presenciar Carlos Monsiváis.
Uno es mortal y que eso nos lo recuerde uno grande mediante su muerte nos hace patente nuestra fragilidad. Sí, porque Monsiváis es grande, nos gusten o no sus crónicas, compartamos o no su pensamiento político, compartamos o no las causas por las que luchó y por las que, avisó la Poni, muchos seguirán luchando.